GIMNASIO MENTAL UCDM EJERCICIO 78
UN CURSO DE MILAGROS
Libro de Ejercicios
(Meditación Guiada)
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¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
PROPOSITO: Reemplazar mis resentimientos por milagros
RESULTADOS QUE ESPERO:
Eliminar mis resentimientos
PREPARACION
- Escoge un lugar tranquilo, donde no tengas perturbaciones de ninguna índole, donde te sientas bien.
- Aléjate de cualquier elemento de distracción, teléfono, celular, ruidos, advierte a tu núcleo familiar que no te perturben por 5 a 10 minutos
- Acomódate como mejor te sientas, sentado en una silla o acostado. La espalda derecha y los brazos descansados sobre un soporte cómodo. RELAJA TODO TU CUERPO.
- Cierra los ojos
MEDITEMOS
- Concentra tu atención en tu respiración, observa como entra y sale el aire suavemente. Respira suave y tranquilamente. Toma aire, observa como entra, y deja que salga suavemente, vuelve hacerlo, toma aire normalmente y deja que salga, vuelve a hacerlo una vez mas.
- Toma todo el aire que puedas, observa como se llena el abdomen y como se levanta el tórax (mantén el aire el tiempo que te sientas cómodo/a), Expira y deja salir todo el aire. Relájate y observa como te sientes relajado, Hazlo dos veces mas, termina relajándote y observa como te sientes.
- Repite el ejercicio completo por una vez mas, te irás sintiendo con mayor comodidad y mejor relajación. Observa como respiras
- Vuelve e respirar normalmente. Hazlo con mucha tranquilidad. Sigue observando como respiras.
- Mientras respiras (respiración normal), abre los ojos y lee con mucha atención pausadamente y con mucha tranquilidad, buscando comprender el texto.
Repite suavemente con los ojos cerrados, para comenzar.
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
Lee con mucha atención cada uno de los siguientes argumentos, reflexiona sobre cada uno de ellos y tómalo para tus adentros:
1. Tal vez aún no esté completamente claro para mi el hecho de que en cada decisión que tomo estoy eligiendo entre un resentimiento y un milagro.
Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar.
Y al alzarlo ante mis ojos no puedo ver el milagro que se encuentra tras él.
Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.
2. Hoy iré más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos.
Invertiré mi manera de ver al no dejar que mi mirada se detenga antes de que vea.
No esperaré frente al escudo de odio, sino que lo dejaré caer y, suavemente, alzaré los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.
3. Él me espera tras todos mis resentimientos, y a medida que dejo éstos a un lado, él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos.
Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedo ver al Hijo de Dios allí donde siempre ha estado.
Él se encuentra en la luz, pero yo estaba en las tinieblas.
Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual me impedía ver.
4. Hoy intentaré ver al Hijo de Dios.
No me haré el ciego para no verlo;
no voy a contemplar mis resentimientos.
Así es como invierto la manera de ver del mundo, al dirigir mi mirada hacia la verdad y apartarla del miedo.
Seleccionaré a alguien que haya sido objeto de mis resentimientos y, dejando éstos a un lado, lo contemplaré.
Quizá es alguien a quien temo o incluso odio;
o alguien a quien creo amar, pero que me hizo enfadar;
alguien a quien llamo amigo, pero que en ocasiones me resulta pesado o difícil de complacer;
alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que le asigné.
5. Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente.
En él es en quien pido que se me muestre el Hijo de Dios.
Al contemplarlo sin los resentimientos que he abrigado en su contra, descubriré que lo que permanecía oculto cuando no lo veía se encuentra en todo el mundo y se puede ver.
El que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado. Dejo que él sea hoy mi salvador. Tal es su función en el plan de Dios, mi Padre.
6. En mis sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel.
Primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora.
Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado.
Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus “pecados”.
7. Pídele entonces a Aquel que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios, que puedas contemplarlo de otra manera y ver a tu salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se te ha concedido.
En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como Él, pídele:
Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él.
Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.
8. Lo que has pedido no se te puede negar.
Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo.
Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya.
El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios.
Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos.
Mantente muy quedo ahora y contempla a tu radiante salvador.
Ningún sombrío resentimiento nubla la visión que tienes de él.
Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieras salvar.
9. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra.
Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los Pensamientos de Dios puede por menos que regocijarse por tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.
10. Recuerda esto a lo largo del día, y asume el papel que se te ha asignado como parte del plan de Dios para la salvación y no del tuyo.
La tentación desaparece cuando permites que todo aquel que se cruza en tu camino sea tu salvador, rehusándote a ocultar su luz tras la pantalla de tus resentimientos.
Permite que todo aquel con quien te encuentres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él.
Por ti y por él, así como por todos los que no ven, ruega:
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
Relájate y descansa.
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